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Para Anne Sexton

Buenos días náusea, manos frías de la mañana, mareos, soledad,
buenos días. Desde la azotea de la casa domino el mundo. Los
emperadores chinos llenaban de mariposas el palacio para des-
pués matarlas. Yo bebo en el insomnio los lamentos de Jesús, con
. la certeza de que mi corazón contiene el latido de un tambor
huasteco, la blasfemia de los que van a misa, de quienes tajan
sus ojos con la luz de la navaja. Buenos días latidos de palomas,
tierra descompuesta, cura sin alivio, buenos días. Escapo de mi
cuerpo cuando lloro, cuando llegan los mareos del alma, cuan-
do cocino mi vida conyugal con ajo y viento. La menstruación es
un mar rojo ahorcado entre mis piernas. Afuera los novios son
monstruos de vanidad. No les importan los solitarios, ni el humo,
ni el número de cucharadas en su café, sólo su dolor de labios
cerrados, su tiempo de orfandad, el abecedario del amor formu-
lado. ¿En quién pueden confiar sino en su fortaleza de insectos?
Estructura de mariposas mecánicas, buenos días, silbidos de un
muerto olvidado, buenos días. ¡Qué tristeza de encontrar en el
amor la certeza de todo! Mi alma es el pez dorado que choca
contra el vidrio cuando todos se han marchado a dormir.

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Ella -torre de carne, espíritu que se come, ella, túnica de placer,
ojos de cordero, caderas de exquisito higo-, me dará la danza, la
palabra del consuelo; dirá que soy su Hijo ciego; ella, tercer
verbo de la carne, cobijo y casa; ella, sombra de Dios que tras-
mite sus palabras; ella me dará la voz de su ombligo, sus piernas
de marfil; los senos que los apóstoles sueñan; recién llegue la
noche conoceré el pan de su vientre;
Renaceré de ella como un Jesús más justo; tendrá mi vida un
perdón humano, el corazón de un niño.

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