2
Creo en la célula de la Trinidad, en el decoro de tus
ropas, en la imagen de un tercer ojo celeste,
vigilante; en la paloma que se sostiene en una nube
de calor; en el Padre de barba antigua y deformada;
en las esperas en el monte Sinaí; en el cordero que
pasta en sueños de rutina; en la conversación sacra;
en silencios y ayunos prolongados; en mi pobreza,
en la anciana vanidad de mi madre y en aquel
insoportable aroma de virgen que tuve siempre. Hoy
tengo las piernas abiertas y el mar entra en mí como
un bautismo; una bendición tuya sobre mi sexo me
hará creadora; madre; progenitora de las almas; yo,
el cordero y la paloma del edén surgido de tus
esencias; de tu perfume; Jesús; hombre, cabrío;
desenterrador; pondré en tu pecho las flores del
campo, escucharé tu respiración mientras duermes;
me tenderé junto a ti como tu mujer; como una
piedra que desea ser tocada para revelar el futuro;
descifraré el cielo en los ojos de los ciegos que creen
en ti.

3
Una mujer que dice amarme me consuela y sus
manos que dicen amarme me dicen que pronto
sanaré y esa mujer que dice amarme domina a mis
demonios para hablar les en mis sueños y esas
palabras con las que dice amarme me significan el
sueño gratificante, la esperanza de la mañana, fiebre
de dicha, instantes suculentos de alegrías.

 

Extractos del libro El Club de la Vanidad, de Ricardo Joel Jiménez.

The Kiss
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