Verdadera

 

Dios toma un cuchillo (concédanme la imagen) y se abre el pecho,

ese gesto es la creación y nosotros, la sangre de su herida,

sangre nuestra con olor a humano

que repite la viscosa melodía de la conciencia:

es mía la ansiedad del segundero,

las hormigas, las doncellas, los peces, las agujas,

una emoción tediosa que arremete,

como de músico falso, que toca un piano, tan a la fuerza lánguido,

que lo triste es lo barato que vende la tristeza,

las piedras y la seda,

las tijeras de la mujer que tanto amé,

una tarde acurrucada en la memoria,

las calles empedradas, las playas sudorosas,

la soledad que entretejió el laberinto de mis sueños;

y entre todo lo que se erige en la mirada,

lo que enciende la memoria,

lo que ya nunca regresa;

más allá de la mentira, palabra que arroja sombras,

y del miedo, sombra de la certeza,

y del aire que toma forma y se hace una voz que no es de nadie,

aunque mis manos nunca puedan tocar otra parte del mundo,

yo sé bien que sólo tu piel es verdadera

y con ella la vida me deslumbra en medio de la noche.

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